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Los piratas somalíes han secuestrado el barco que traía las nuevas nintendos. Pero Samu y su pandilla no están dispuestos a permitir que se las queden. Piensan unirse al Ejército para rescatar el barco y harán lo indecible para luchar contra los piratas. Tampoco los angeles Enana quiere perderse esta aventura. Aunque todavía no sabe hablar bien, comprende el idioma de los piratas mejor que nadie.
¿Liberarán el barco? ¿Conseguirán sus nuevas nintendos? Una cosa es segura: Samu, Berzotas, Carlos, Marta, Álex y l. a. Enana disfrutarán como locos mientras intentan vencer juntos unos obstáculos que parecen insalvables.

Una de piratas aproxima a los lectores más jóvenes a realidades tan contemporáneas como los angeles piratería en el Océano Índico. Y sobre todo, al igual que Aventuras subterráneas. A por las nintendos perdidas, transmite el valor de los angeles amistad y l. a. emoción de jugar y solucionar enigmas.

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Pero no me contestó. Estaba a lo suyo, recortando las noticias en las que salíamos fotografiados como súper héroes junto al presidente. Había un montón de periódicos con nuestra foto en los angeles portada. Se notaba que mi padre estaba muy orgulloso de nuestra aventura. Fijo que iba a presumir mogollón l. a. próxima vez que se encontrara con los Tocahuevos en los angeles Sierra. –Samu, ¿no quieres ver las fotos? Habéis salido muy guapos. A este paso os va invitar Pablo Motos al Hor­miguero three. zero. –Jo, eso sí que molaría. Pero paso de verlas, siempre salgo deadly en las fotos. Además, las fotos no se comen y tengo un hambre que me dan calambres. En aquel momento me importaban más los dos dónuts de chocolate recién hechos que mi padre me había traído de los angeles pastelería. Ñam, ñam. Y teníamos yogur líquido del Lídel. ¡Qué rico! Ya con el estómago lleno, me puse a pensar en los angeles aventura que habíamos vivido. Había sido alucinante. A nuestra manera, habíamos luchado contra los piratas y habíamos ayudado a liberar el barco. Y por fin teníamos nues­tras nuevas nintendos (y sin gastar un solo regalo de Papá Noel o de los Reyes Magos). Por cierto, hablando de mi nintendo, ¿dónde estaba los angeles vieja? Con todas las cosas que nos habían pasado, me había olvidado de ella. Y esta vez estaba segurísimo de que mi madre y los angeles Enana sabían algo. –Mamá, dímelo de una vez –le dije, interrumpiendo su lectura– ¿Dónde está mi vieja nintendo? –Ahora que tienes los angeles nueva puedo decírtelo. Victoria se los angeles regaló a los piratas cuando se quedó con ellos en el búnker. También les dio l. a. suya. –No es justo, period mía. Podía revenderla y comprar algún juego con lo que me dieran. –¿Y tú crees que es justo vivir como esos pobres en Somalia? Además, tenías mucha ilusión por tener l. a. nueva y todavía no los angeles has estrenado. Mi madre tenía razón. Estaba loco por tener los angeles nueva nintendo y ni siquiera los angeles había probado todavía. Podía estrenarla en ese momento, pero había quedado con mis amigos y prefería mil veces estar con ellos. Ya me estaba vistiendo para salir cuando sonó l. a. puerta. –¿Samuel Galcía, pol favol? Eran dos japoneses de traje negro y camisa blanca, con pinta de mayordomos, que me saludaron doblando el espinazo como si fueran yudokas. –Sí, soy yo –contesté yo un poco asustado. –Es un honol pala nosotlos hacelte entlega de esta calta. period un sobre muy lujoso, de un blanco muy brillante. «A l. a. atención de Samuel García y familia», ponía en gruesas letras escritas a pluma. –¿Quién period? –preguntó a gritos mi padre, que parecía que tenía alergia a los angeles puerta porque nunca se levantaba a abrirla. Fui corriendo al salón y le di el sobre. –Eran unos señores muy raros que daban un poco de miedo. Ten, ábrela tú, que yo no me atrevo. Mi padre abrió l. a. carta y l. a. leyó en voz alta: «El muy honorable embajador de Japón en España se complace en invitarles, el próximo miércoles, a las siete de los angeles tarde, a un cóctel en su residencia de Madrid. Se ruega confirmación». –¿Qué querrá de nosotros el embajador de Japón? –preguntó mi madre un poco mosca–. No sé, no me gusta. Ayer con el presidente y el miércoles con el embajador de Japón.

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