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By Leopoldo Alas

Married to the retired Justice of the Peace of Vetusta, Ana Ozores cares deeply for her a lot older husband yet feels stifled through the monotony of her existence within the shabby and conservative provincial city. And whilst she embarks on a quest for achievement via faith or even adultery, a sour fight starts among a strong priest and a would-be Don Juan for the passionate younger woman's physique and soul. Scandalizing modern Spain whilst it was once first released in 1885, with its searing critique of the Church and its frank therapy of intercourse, La Regenta is a compelling and witty depiction of the complacent and frivolous global of upper-class society.

For greater than seventy years, Penguin has been the top writer of vintage literature within the English-speaking international. With greater than 1,700 titles, Penguin Classics represents a world bookshelf of the easiest works all through historical past and throughout genres and disciplines. Readers belief the sequence to supply authoritative texts improved by way of introductions and notes by way of wonderful students and modern authors, in addition to updated translations by way of award-winning translators.

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Es decir que estoy casi en los angeles miseria. Sus derechos de orfandad, que le dijeron que serían una ayuda irrisoria, poco más que nada, tardaría en cobrarlos; no tenía quien le explicase cómo y dónde se pedían. Estaba sola, completamente sola; �qué iba a ser de ella? Los amigos del filósofo no le sirvieron de nada. No sabían más que discutir. El capellán no apareció por allí; los angeles muerte repentina de don Carlos olía un poco a azufre. Un día, tres o cuatro después de enterrado su padre, Ana quiso levantarse y no pudo. El lecho l. a. sujetaba con brazos invisibles. los angeles noche anterior se había dormido con los dientes apretados y temblando de frío. Había querido escribir a sus tías de Vetusta y no había podido coordinar las palabras; hasta dudaba de su ortografía. Tuvo pesadillas, y aunque hizo esfuerzos para no declararse enferma, el mal pudo más, los angeles rindió. El médico habló de fiebre, de grandes cuidados necesarios; le hizo preguntas a que ella no sabía ni quería contestar. Estaba sola y period absurdo. El general practitioner dijo que no tenía con quien entenderse; añadió pestes de los angeles incuria de los criados. —La dejarán a usted morir hija mía. Ana dio gritos, se asustó mucho, se sintió muy cobarde; llorando y con las manos en cruz pidió que llamaran a sus tías, unas hermanas de su padre que vivían en Vetusta y que tenía entendido que eran muy buenas cristianas. Las tías sentían un vago remordimiento por l. a. compra del caserón. Comprendían que valía más, mucho más de lo que habían pagado por él, abusando de los angeles situación apurada de don Carlos, que además period un aturdido en materia de intereses. �Él, que había renegado de l. a. fe de los Ozores! Por no ser víctima de una mixtificación. Se presentaba ocasión de tranquilizar los angeles conciencia amparando a los angeles desventurada hija del hermano de sus pecados. Doña Anuncia pudo apreciar mejor los angeles grandeza de su buena obra cuando vio que Ana estaba en l. a. calle o poco menos. los angeles quinta que ellas habían imaginado digna de un Ozores, aunque fuese extraviado, period una casa de aldea muy pintada, pero sin valor, con una huerta de medianas utilidades. Y además estaba sujeta a una deuda que mal se podría enjugar con lo que ella valía. Estaba fresca Anita. Ni rico había sabido hacerse el infeliz ateo. �Perder el alma y el cuerpo, el cielo y l. a. tierra! Negocio redondo. Pero, en fin, a lo hecho pecho. Había echado sobre sus hombros una carga bien pesada: mas �quién no tiene su cruz? Ana tardó un mes en dejar el lecho. Pero doña Anuncia se aburría en Loreto, donde no había sociedad; y el viaje, l. a. vuelta a Vetusta, se precipitó contra los consejos del mediquillo grosero, que prodigaba los términos técnicos más transparentes. En cuanto llegaron a Vetusta, los angeles huérfana tuvo un retraso en su convalecencia, según el médico de los angeles casa, que period comedido y no llamaba las cosas por su nombre. El retraso fue otra fiebre en que los angeles vida de Ana peligró de nuevo. Las señoritas de Ozores y l. a. nobleza de Vetusta suspendieron el juicio que iba a merecerles los angeles hija de don Carlos y de los angeles modista italiana hasta poder reunir datos suficientes.

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